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SIENTES o estás pensando sobre lo que sientes????

¿Sabías que una emoción, a nivel fisiológico, puede durar aproximadamente 90 segundos? Lo que sucede después no depende tanto de lo que ha ocurrido… sino de lo que seguimos pensando sobre ello.

Esta idea, respaldada por investigaciones en neurociencia, nos invita a reflexionar sobre un aspecto clave de la gestión emocional: la diferencia entre sentir y rumiar.


Qué ocurre en esos primeros 90 segundos

Cuando algo nos impacta —una crítica, una discusión, una mala noticia o incluso una alegría inesperada— nuestro cerebro activa una respuesta emocional automática. Se liberan neurotransmisores y hormonas que preparan al cuerpo para reaccionar.

Esa activación fisiológica tiene una duración limitada. El cuerpo procesa la emoción y, si no la alimentamos mentalmente, tiende a volver a su estado de equilibrio.

La emoción cumple su función:

  • Nos alerta.

  • Nos protege.

  • Nos informa.

  • Nos moviliza.

Y después… debería disiparse.


El papel del pensamiento: cuando prolongamos la emoción

El verdadero problema no suele ser la emoción inicial, sino el diálogo interno que aparece después.

Cuando repetimos mentalmente lo ocurrido:

  • “No debería haber dicho eso.”

  • “Siempre me pasa lo mismo.”

  • “Esto es injusto.”

  • “Y si vuelve a suceder…”

Estamos reactivando la respuesta emocional una y otra vez. No es el hecho en sí lo que mantiene la emoción, sino la interpretación constante.

Aquí aparece la rumiación: un proceso mental que alimenta la emoción y la convierte en un estado prolongado de enfado, tristeza o ansiedad.


Diferenciar entre sentir y pensar sobre lo que siento

Un ejercicio muy poderoso en inteligencia emocional consiste en preguntarnos:

¿Estoy sintiendo… o estoy pensando sobre lo que siento?

Sentir es permitir que la emoción esté presente en el cuerpo.
Pensar sobre lo que siento es recrear la historia una y otra vez.

Cuando aprendemos a observar sin juzgar, dejamos de añadir combustible al fuego emocional.


Cómo aplicar esta idea en tu día a día

  1. Pausa consciente
    Cuando notes una emoción intensa, detente unos segundos. No reacciones automáticamente.

  2. Respiración profunda
    Respira de forma lenta y profunda durante un minuto. Esto ayuda a regular el sistema nervioso.

  3. Observación sin juicio
    Ponle nombre a la emoción: “Estoy sintiendo enfado”, “Estoy sintiendo tristeza”.

  4. Evita la narrativa repetitiva
    Si detectas que empiezas a dar vueltas mentales al asunto, redirige tu atención a una acción concreta o al momento presente.

  5. Decide conscientemente
    Pregúntate: “¿Quiero seguir sosteniendo esta emoción o prefiero soltarla?”

Este pequeño cambio puede transformar tu bienestar emocional y tu forma de relacionarte con los demás.


Conclusión: tu poder está en la pausa

No podemos evitar sentir. Las emociones forman parte de nuestra naturaleza.

Pero sí podemos decidir cuánto tiempo queremos permanecer en ellas.

La próxima vez que una emoción intensa aparezca, recuerda: puede que dure 90 segundos… salvo que decidas mantenerla viva con tus pensamientos.

Ahí reside tu verdadero poder emocional.


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