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Antes de responder, permite que la «ola» baje!!!!!!

Hay momentos en los que sentimos que una emoción lo ocupa todo. El enfado parece definitivo, la tristeza nos hace ver el futuro más oscuro, el miedo convierte cualquier riesgo en una amenaza enorme y la frustración puede llevarnos a pensar que debemos cambiarlo todo de inmediato.

Pero las emociones, como refleja la imagen, son como las olas. Llegan, aumentan de intensidad y, tarde o temprano, disminuyen.

Esto no significa que debamos ignorarlas. Todo lo contrario. Las emociones contienen información importante sobre lo que estamos viviendo, lo que necesitamos, aquello que nos preocupa o los límites que quizá necesitamos establecer. El problema aparece cuando confundimos sentir intensamente con tener que actuar inmediatamente.

Cuando estamos en el punto más alto de una emoción podemos interpretar una conversación de forma diferente, responder impulsivamente, enviar ese mensaje que después lamentamos o tomar una decisión que probablemente sería distinta unas horas más tarde.

Por eso, una habilidad fundamental de la inteligencia emocional consiste en aprender a crear un pequeño espacio entre lo que sentimos y lo que hacemos.

No siempre podemos elegir qué emoción aparece, pero sí podemos aprender a decidir qué hacemos con ella.

Ante una emoción intensa puede ayudarnos detenernos y preguntarnos: «¿Necesito tomar esta decisión ahora?», «¿Estoy respondiendo a la situación o reaccionando a mi emoción?» o «¿Pensaré lo mismo cuando esté más tranquilo?».

A veces bastarán unos minutos. Otras veces necesitaremos unas horas, dormir, caminar, hablar con alguien o simplemente permitir que disminuya la intensidad emocional antes de decidir.

Esperar no significa evitar el problema. También puede ser una forma inteligente de afrontarlo.

En el trabajo ocurre constantemente. Un correo que nos molesta, una crítica inesperada, un conflicto con un compañero o una decisión de nuestro responsable pueden despertar emociones intensas. Responder desde el punto más alto de esa «ola» puede aumentar el conflicto. Hacerlo cuando hemos recuperado perspectiva nos permite comunicarnos con mayor claridad y elegir mejor nuestras palabras.

La verdadera gestión emocional no consiste en vivir en un mar permanentemente tranquilo. Eso sería imposible. Consiste en aprender a navegar incluso cuando aparecen las olas.

Escucha lo que tu emoción quiere decirte. Reconócela. Dale espacio. Pero recuerda algo importante: una emoción merece ser escuchada, aunque no siempre tenga que ser obedecida.

Cuando llegue una gran ola emocional, quizá no necesites luchar contra ella. Puede que simplemente necesites esperar antes de decidir hacia dónde quieres navegar. 🌊

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