
Hay lugares que visitamos por primera vez y nos parecen fascinantes. Observamos sus calles, sus edificios, sus pequeños detalles. Hacemos fotografías, levantamos la mirada y sentimos curiosidad por aquello que tenemos delante. Sin embargo, cuando regresamos a nuestra propia ciudad, a nuestro trabajo o a nuestra rutina, algo cambia: dejamos de mirar con la misma atención.
No necesariamente porque nuestra realidad sea menos interesante, sino porque la costumbre puede volver invisible aquello que vemos todos los días.
Cuando viajamos somos más conscientes del presente. Prestamos atención a los sonidos, los colores, las personas y las pequeñas experiencias. Queremos descubrir. En nuestra vida cotidiana, en cambio, muchas veces funcionamos con el piloto automático activado: despertarnos, trabajar, resolver obligaciones, volver a casa y comenzar de nuevo al día siguiente. Y, poco a poco, podemos terminar confundiendo familiaridad con falta de valor.
Lo mismo ocurre con las personas. Podemos acostumbrarnos tanto a alguien que dejamos de reconocer sus gestos, su compañía o todo aquello que aporta a nuestra vida. También sucede con nuestros propios logros: aquello que hace unos años deseábamos conseguir puede convertirse hoy en algo que apenas valoramos porque ya forma parte de nuestra normalidad.
Por eso, mirar con ojos de turista no significa escapar constantemente de la rutina ni necesitar experiencias extraordinarias. Significa cambiar nuestra manera de prestar atención.
Tal vez mañana puedas recorrer el camino habitual observando algo que nunca habías visto. Quizá puedas saborear el café sin mirar el móvil, escuchar realmente a la persona que tienes delante o detenerte unos segundos para reconocer algo bueno que normalmente das por hecho.
La psicología positiva nos recuerda la importancia de dirigir conscientemente nuestra atención hacia aquello que aporta significado, bienestar y gratitud a nuestra vida. No se trata de ignorar los problemas ni de pensar que todo es maravilloso. Se trata de evitar que las dificultades, las prisas o la costumbre ocupen todo nuestro campo de visión.
Porque una vida significativa no está formada únicamente por grandes acontecimientos. Está construida, sobre todo, con cientos de pequeños momentos que pueden pasar inadvertidos si dejamos de prestarles atención. Quizá hoy no necesites cambiar de vida, de ciudad, de trabajo o de escenario para encontrar algo diferente. Quizá puedas empezar simplemente cambiando tu mirada.
A veces, recuperar la capacidad de asombro es también una manera de recuperar la capacidad de disfrutar!!!!Antes de cambiar tu vida, prueba a cambiar tu mirada
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